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Financiación Retroactiva de Bienes Públicos
Un modelo que recompensa el trabajo en bienes públicos después de que ha demostrado ser útil: la comunidad paga por el impacto probado, no por propuestas hechas por adelantado.
La financiación retroactiva de bienes públicos (RetroPGF) le da la vuelta al modelo habitual de subvenciones: en lugar de juzgar propuestas antes de que se haga ningún trabajo, paga a los colaboradores después de que su trabajo ya ha demostrado valor. La premisa, resumida a menudo como «impacto = beneficio», es que resulta mucho más fácil ponerse de acuerdo sobre qué fue realmente útil en retrospectiva que predecirlo con precisión por adelantado.
La implementación más conocida es el Optimism Collective, que celebra rondas periódicas en las que un grupo de votantes reparte un fondo fijo de tokens entre proyectos — infraestructura, herramientas para desarrolladores, educación, software de cliente — evaluados según su contribución pasada al ecosistema. Las partes difíciles son medir el impacto de forma justa y resistir la colusión o el sesgo de popularidad entre los votantes que deciden los pagos.